Lo hicieron durante el mes de noviembre y parte de diciembre y, según sus manifestaciones, volverían a repetirlo sin dudar un instante. Del mismo parecer son los responsables del Centro, para quienes la demanda de Bodegas Franco-Españolas de realizar un trabajo en sus propias instalaciones supuso una estupenda oportunidad para poner en contacto nuestro mundo con el de la empresa real.
Claro que hubo retos: mentalizar y preparar a los usuarios; seleccionar y dirigir los turnos de personas, supervisar la tarea y hasta reorganizar la vida del Centro mientras durara el encargo. Pero las consecuencias positivas podían ser muchas, comenzando por la posibilidad de contrastar nuestros discursos (que somos capaces, que deseamos y merecemos la confianza de la empresa, que…) con la realidad.
Esas preguntas obtuvieron esos días muchas respuestas, y todas buenas, empezando por lo que más importa: las vivencias de nuestros usuarios, con el trabajo in situ en un entorno empresarial desconocido, alejado de las seguridades de nuestro Centro, en una empresa como tantas otras, participando como un ciudadano más en el tejido productivo y social de nuestra comunidad. Trabajamos codo con codo, vamos, al lado de los profesionales de la Bodega, compañeros de fatigas aquellos días, que nos vieron y nos dedicaron palabras elogiosas. En fin, fue un bautismo en toda regla que deseamos repetir con la ilusión de siempre y un grado más de experiencia con el que podemos presumir de ser un poquito mejores que antes.