Testigos de excepción en el Parque de Bomberos

Arturo con el caso de bomberos rodeado de camiones

Fue una visita que no fue visita; o que fue más que una visita, depende de cómo se mire. En plena explicación didáctica, sonaron dos veces, no una, dos, los avisos de alarma. Nosotros, orillados y estupefactos; ellos, en plena acción y la visita, en suspenso, pero ¿hay mejor forma de conocer su trabajo?.

 

Impresionados nos quedamos de la celeridad con la que se colocaron la indumentaria, de la efectividad y, en suma de la profesionalidad, con la que en un abrir y cerrar de ojos, todos ellos estaban en marcha dispuestos a solucionar otro problema de los muchos que suelen acontecer.
 
No hemos vivido nada igual; así que recordaremos esta salida en la que el azar nos puso enfrente de la realidad tal cual es, la vida misma: el sosiego, un aviso, y el vértigo para aprovechar unos segundos que son vitales.
 
Les vimos alejarse con las sirenas, deseando que no fuera nada grave. Hasta ese momento, un profesional del Parque nos explicaba detalles de su trabajo mientras nos enseñaba las dependencias, el gimnasio y cómo es la vida un día normal. Nosotros hacíamos fotos, lo de siempre;  y luego, vino lo que vino. Nos volveremos a ver con ellos en septiembre cuando otros compañeros les visiten en una segunda cita concertada , seguro que sin tanto sobresalto.