No había nada que temer. En otros años con frío y nieve, siempre nos hemos sentido muy a gusto en el albergue Carlos Abeitua donde, por cierto, nos tratan muy bien. Contra el tiempo, imaginación, juegos de mesa o cine.
Y, además, las nueve personas que integramos el grupo (cinco usuarios y cuatro monitores) pudimos salir y disfrutar como siempre: salvo la tarde del sábado cuando las autoridades prohibieron la apertura de los establecimientos y mucha gente se quedó en casa por prudencia, lo demás fue calle y calle, visita al centro comercial, al boulevard, vermú, y paseos, haciendo del fin de semana de respiro lo que es: un tiempo de ocio y diversión para los “excursionistas” y otro de relax para las familias.
Otro viaje a Vitoria con mucha anécdota , y van ya unos cuantos. Ya llegará la primavera, ya.