No fue la única sentencia impactante que se pudo escuchar en nuestro espacio asociativo: otras, como “a una persona negra, no se la ve por la noche”, “a ellos les dan todo y nos lo quitan a nosotros” o “que no os encierre el miedo” quedaron flotando allí como aldabonazos en nuestra conciencia durante la tercera sesión del Taller de Comunicación, dedicada a la interculturalidad, que descubrió a nuestros usuarios del Centro Ocupacional y Centro de Día, participativos e inquisitivos; vivos e inquietos; más que nunca, un retrato fiel de la sociedad de la que son parte integrante.
Sus opiniones y preguntas mostraron a la vez recelo, dudas….y ganas de comprender, desde lo concreto, guiados por experiencias reales como el relato de las historias personales de nuestros invitados, la de Magda, casada, 16 años en España, que contaba “el dolor sentido a veces ante el desconocimiento que tienen los españoles de su pais y cultura”; y Daniel, que vive aquí desde hace 5 años y a quien, según nos dijo, “le costó mucho adaptarse porque además, no sabía nada de castellano”; un idioma que, como otros cuatro, hoy domina a la perfección.
El caso era entender, abrir los ojos y ampliar la mente; por eso, esas vivencias en primera persona sirvieron para acercarse a las razones que empujan a una persona hacia otro país, abandonando el suyo. Junto a la piel y los acentos diferentes de Daniel y Magda, se colaron en la Sala, como era previsible, los mitos, y con total naturalidad, se habló de racismo, indiferencia, enriquecimiento de culturas, respeto. No otra cosa es la interculturalidad, dijo Daniel, “hablar como lo estamos haciendo ahora”, porque “comenzar a hablar es empezar a dialogar; y cuando se da esa oportunidad, se rompe la barrera del desconocimiento”. Qué cosas, en ese momento, Daniel pareció uno de nosotros, cuando decimos lo mismo a los colegios, a los empresarios, a la sociedad sobre nuestra realidad.
La charla mantuvo un pulso inaudito, hubo debate en torno a los conceptos de asimilación e integración, y ellos, Daniel, Magda, y Ruth (coordinadora de programas de inmigrantes) se preguntaron y nos preguntaron hasta qué punto una persona que venga de fuera tiene que dejar de ser quien es para estar integrado. Alguien preguntó después qué son los mediadores y ellos aprovecharon para subrayar su necesidad a la hora de facilitar la convivencia entre culturas y favorecer espacios de encuentro. Siguieron sucediéndose las preguntas, pero cinco minutos antes de finalizar, Elena tuvo que salir y lo hizo pensando en sus sobrinos Rasmin, Ismael, Sara y Pablo. Iba pensando en aquéllas verdades; nosotros, en lo que nos dijeron sobre el respeto a los demás.